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20.000 leguas de viaje submarino de Julio Verne traducido por Vicente Guimera. Esta es una grabación de LibriVox. Todas las grabaciones de LibriVox están en el dominio público. Grabado por Víctor Villarraza. Capítulo 19. BANICORO Este espectáculo terrible inauguraba la serie de catástrofes marítimas que el

Nautilus debía encontrar en su rumbo. Desde que recorría los mares frecuentados, solíamos a menudo hallar cascos de buques perdidos entre dos aguas y a mayor profundidad, cañones, áncoras, cadenas y otros mil objetos de hierro carcomidos por el orín. Entretanto, arrastrados siempre por el Nautilus, donde vivíamos como aislados, tuvimos conocimiento el 11 de diciembre del archipiélago de Pomotú, antiguo grupo peligroso

de Bugainville, que se extiende por un espacio de 500 leguas del es-sueste al oeste-noroeste, entre los 13 grados 30 minutos y 23 grados 50 minutos de latitud sur y 125 grados 30 minutos y 151 grados 30 minutos de longitud oeste, desde la isla Ducia hasta la de Lazareff. Este archipiélago cubre una superficie de 370 leguas cuadradas y está formada por unos 60 grupos de islas, entre los cuales el más notable es el de Gambier, al cual ha impuesto la Francia

su protectorado. Estas islas son coralígenas y una elevación lenta pero continua del fondo, provocada por el trabajo de los pólipos, las enlazará algún día entre sí, y la nueva isla se soldará más tarde con los archipiélagos vecinos, con lo cual se extenderá un quinto continente, desde la Nueva Zelandia y la Nueva Caledonia hasta las Islas Marquesas. El día en que desarrollé esta teoría ante el capitán Nemo me respondió con frialdad, no son continentes nuevos los que

hacen falta a la tierra, sino otros hombres. Los azares de la navegación habían precisamente conducido al Nautilus hacia la isla de Clermont-Tonner, una de las más curiosas del grupo que fue descubierto en 1822 por el capitán Bell de la Minerva. Pude entonces estudiar el sistema madrepórico a que son debidas las islas de aquel océano. Las madréporas, que no deben confundirse con los corales, tienen un tejido revestido de una costra calcaria y las modificaciones de su

estructura han determinado a mi ilustre maestro Mil Edwards a clasificarlas en cinco secciones. Los animalillos que secretan este pólipo viven por millones de millones en el fondo de sus celdas. Son unos depósitos calizos los que se tornan peñas, arrecifes, hilotes, islas. Ahora forman un anillo circular con un pequeño lago interior comunicando con el mar por algunas brechas. Ahora figuran unas barreras de arrecifes semejantes a las que existen en las costas de la Nueva

Caledonia y de las diferentes islas de Pomotú. En otros parajes, como en la Reunión y la isla Mauricia, elevan unos arrecifes festoneados, altas murallas rectas, junto a las cuales las profundidades del océano son considerables. Bordeando a pocos cables de distancia, los cantiles de la isla de Clermont-Tonner pude admirar la gigantesca obra efectuada por aquellos operarios microscópicos. Eran aquellas murallas obra especial de las madréporas, designadas con

los nombres de miléporas, poritas, astreas y meandrinas. Estos pólipos se desarrollan particularmente en las capas agitadas de la superficie del mar y por consiguiente comienzan por la parte superior sus construcciones, las cuales se hunden poco a poco con los despojos de secreciones que las sostienen. Tal es, al menos, la teoría de Darwin, que explica de esta suerte la formación de los atolones, teoría superior a mi ver a la que establece como base de los trabajos

madrépóricos los vértices de las montañas o volcanes situados a pocos pies debajo del nivel del mar. Pude observar muy de cerca aquellas curiosas murallas porque, medidas a plomo, el escandallo acusaba más de 300 metros de profundidad y nuestras ráfagas eléctricas hacían resplandecer aquella brillante masa caliza. Respondiendo a una pregunta que me dirigió Consejo sobre la duración del acrecimiento de aquellas barreras colosales, le causé mucho asombro al

decirle que los sabios fijaban este aumento en unas seis o siete pulgadas por siglo. Luego, para elevar esas murallas, han sido necesarios 192 mil años, mi buen consejo, lo cual prolonga singularmente los días de la Biblia. Por otra parte, la formación del carbón de tierra, esto es, la mineralización de las selvas arrasadas por los diluvios y el enfriamiento de las rocas basálticas han exigido un tiempo mucho más considerable. Pero yo añadiré que los días bíblicos no son

más que épocas y no el intervalo que media entre dos salidas del sol, pues según la Biblia misma, este astro no existía el primer día de la creación. Cuando el Nautilus volvió a la superficie del océano, pude abrazar en todo su desarrollo la isla de Clermont-Tonnerre, baja y selvática. Sus rocas madrepóricas fueron seguramente fertilizadas por las mangas de agua y por las tempestades. Un día, alguna semilla, traída por el huracán de las tierras vecinas, cayó sobre

las capas calizas, mezcladas con despojos descompuestos de peces y plantas marinas que formaron la tierra vegetal. Una nuez de coco, impelida por las olas, llegó a esa nueva costa y los gérmenes se arraigaron y el árbol, al crecer, detuvo el vapor del agua, naciendo el arroyo. La vegetación fue poco a poco desarrollándose y algunos animalitos, ciertos gusanos e insectos, vinieron sobre los troncos, desarraigados de las islas inmediatas por el viento. Los pájaros

anidaron en los jóvenes árboles y de este modo la vida animal se desarrolló y el hombre, atraído por el verdor y la fertilidad, apareció, sin que de otra suerte se formasen aquellas islas, obras inmensas de animales microscópicos. Por la tarde, Clermont Tonnerre desapareció en Lontananza y el Nautilus modificó su rumbo de un modo sensible. Después de haber tocado en el trópico de Capricornio a los 135 grados longitud, se dirigió hacia el oeste noroeste, remontando toda

la zona tropical. Aunque el sol de verano prodigaba sus rayos, no sufríamos el calor, porque a 30 o 40 metros debajo del agua, la temperatura no pasaba de 10 o 12 grados. El 15 de diciembre dejábamos al este el seductor archipiélago de la sociedad y la graciosa isla de Tahiti, reina del Pacífico. Divisé por la mañana, a algunas millas a Sotavento, las elevadas cimas de esa isla. Sus aguas dieron para la mesa de bordo excelentes peces, como caballas,

bonitos, albicoros y una variedad de serpientes de mar llamadas murenophis. El Nautilus había recorrido 800 millas. 9.700 marcaba la corredera cuando pasó entre el archipiélago de Tonga Tabú, donde habían perecido las tripulaciones Argos, Puerto Príncipe y Duque de Portland, y el de los Navegantes, donde fue muerto el capitán del Angle, amigo de la Perú. Después se vio el archipiélago de Viti, donde los salvajes habían asesinado a los marineros de la Unión y al capitán

Buró de Nantes que mandaba la amable Josefina. Este archipiélago, que se prolonga en una extensión de 100 leguas del norte al sur y de 90 de este a oeste, está comprendido entre los 6 grados y 2 minutos de latitud meridional y los 174 grados y 179 grados de longitud oeste. Se compone de cierto número de islas, Islotes y Escollos, entre los cuales se observan las islas de Viti Levú, Banualevú y Candubón. Fue Tasman quien descubrió este grupo en 1643, el año mismo en que Torricelli

inventaba el barómetro y en que Luis XIV subía al trono. Discúrrase cuál de estos tres hechos habrá sido el más útil para la humanidad. Vinieron después Cook en 1714, Dea entre Castó en 1793 y por último Dumont Durville en 1827, que aclaró todo el caos geográfico del archipiélago. El Nautilus se acercó a la bahía de Guailea, teatro de las terribles aventuras del capitán Dillon, que fue el primero en esclarecer el misterio del naufragio de la Perú. Esa bahía,

diferentes veces surcada por la draga, produce en abundancia excelentes ostras, de las cuales comimos sin moderación, después de haberlas abierto sobre nuestra misma mesa, según el precepto de Seneca. Pertenecían estos moluscos a la especie conocida con el nombre de Ostral la Meliosa, que es muy común en Córcega. El banco de Guailea debía ser considerable y ciertamente que sin múltiples causas de destrucción, aquellas aglomeraciones acabarían por colmar las bahías,

puesto que se cuentan hasta dos millones de huevos en un solo individuo. Y si Neddland no tuvo que arrepentirse de su glotonería en aquella circunstancia, fue porque la ostra es el único alimento que jamás provoca indigestiones. En efecto, se necesitan 16 docenas de estos moluscos para suministrar los 315 gramos de sustancia asoada necesaria para el alimento cotidiano de un solo hombre. El 25 de diciembre, el Nautilus navegaba por entre el archipiélago

de las Nuevas Ébridas, descubiertas por Quirós en 1606, exploradas por Bugainville en 1768 y a Quien dió Cuc su nombre actual en 1773. El grupo se compone principalmente de nueve islas grandes, formando una banda de 120 leuas del nor-noroeste al sur-sureste, comprendida entre 15 grados y 2 grados de latitud sur y entre 164 grados y 168 grados de longitud. Pasamos bastante cerca de la isla de Aurora, que en el momento de las observaciones de mediodía apareció como una

masa de bosques verdes dominada por un pico de gran altura. Aquel día era Navidad y me pareció que Nedland había echado mucho de menos la celebración de la Nochebuena, verdadera fiesta de familia de que son muy fanáticos los protestantes. 8 días habían transcurrido sin que viese yo al Capitán Nemo, cuando el 27 por la mañana entró en el gran salón y siempre como si no hiciera más que cinco minutos que se hubiese separado de nosotros. Estaba yo reconociendo en el planisferio

el rumbo del Nautilus. El capitán se acercó, puso un dedo sobre un punto del mapa y pronunció esta sola palabra. Vanicoro. Este nombre produjo un efecto mágico. Era el de los islotes donde se perdieron los buques de la Perú. Me levanté súbitamente. ¿El Nautilus nos lleva a Vanicoro? Pregunté. Sí, señor profesor, respondió el capitán. ¿Y podré visitar esas célebres islas donde fueron destrozados la brújula y el astrolavio? Si así os place, señor profesor. ¿Cuándo estaremos

en Vanicoro? Ya estamos, señor profesor. Seguido del capitán Nemo subí a la plataforma y desde allí mi vista recorrió con avidez el horizonte. Por el nordeste asomaban fuera de las aguas dos islas volcánicas de desigual magnitud rodeadas por unos arrecifes de corales que medían 40 millas de circuito. Estábamos delante de la isla Vanicoro propiamente dicha y a la cual Dumont Durbil había impuesto el nombre de Isla de la Indagación y precisamente ante la encenada o abra de Varú,

situada a los 16 grados 4 minutos de latitud sur y a los 164 grados 32 minutos de longitud este. Las tierras parecían estar cubiertas de verdor desde la playa hasta las cumbres del interior, dominado por el monte Capogo cuya altura era de 476 toezas. El Nautilus después de haber salvado la cintura exterior de Peñas por un estrecho paso se encontró por dentro de los rompientes donde el mar tenía una profundidad de 30 a 40 brasas. Bajo la verde espesura de los árboles había

como una docena de salvajes que demostraron extraordinaria sorpresa al acercarnos. ¿Creyeron ver en la masa negruzca que avanzaba a flor de agua algún cetáceo formidable del cual debiesen desconfiar? El capitán Nemo me preguntó entonces lo que sabía yo del naufragio de la Perú. Lo que saben todos capitán le respondí. Y podría decirme lo que saben todos me preguntó en tono algo irónico. Muy fácilmente le referí lo que habían dado a conocer los últimos trabajos de Dumont

Durbil y cuyo su cinto resumen es como sigue. La Perú y su segundo el capitán del Angle fueron enviados por Luis 16 en 1785 para hacer un viaje de circunnavegación. Montaban las corbetas brújula y astrolavio que no volvieron a aparecer. En 1791 inquieto con razón el gobierno francés sobre la suerte de ambas corbetas armó dos grandes hurcas la indagación y la esperanza. Estos buques salieron de Brest el 28 de septiembre a las órdenes de Bruno de Entrecastó. Dos meses después se averiguaba

por las declaraciones de Bowen jefe del Albert May que unos restos de buques habían sido vistos en las costas de la Nueva Georgia pero de Entrecastó ignorando esta comunicación por otro lado bastante incierta se dirigió hacia las islas del almirantazgo designadas en una relación del capitán Hunter como el sitio en que había naufragado la Perú. Las investigaciones no dieron resultado. La esperanza y la indagación pasaron por delante de Bannicoro sin detenerse y en suma fue aquel viaje desgraciadísimo

pues costó la vida a de Entrecastó a dos de sus segundos y a varios marineros de la tripulación. Un viejo navegante del pacífico el capitán Dillon fue el primero que encontró vestigios indiscutibles de los náufragos. El 15 de mayo de 1824 su buque el San Patricio pasó cerca de la isla de Ticopia una de las nuevas hebridas allí vino en Piragua un individuo a venderle una empuñadura de espada de plata que tenía marcados ciertos caracteres grabados al buril pretendiendo

además aquel hombre que seis años antes durante su permanencia en Bannicoro había visto a dos europeos que pertenecían a unos buques encallados desde muchos años atrás en los arrecifes de la isla Dillon adivinó que se trataba de los buques de la perus cuya desaparición había conmovido a todo el mundo quiso llegar a Bannicoro donde se hallaban los despojos del náufrago pero se lo impidieron los vientos y las corrientes Dillon regresó a calcuta y allí supo interesar en su

descubrimiento a la sociedad asiática y a la compañía de las indias un buque al cual se le dio el nombre de la indagación fue entregado a sus órdenes y partió el 23 de enero de 1827 acompañado de un agente francés indagación después de haber tocado en varios puntos del pacífico fondeó delante de bannicoro el 7 de julio de 1827 en la encenada misma de banu donde flotaba el nautilus en este momento allí dillon recogió numerosos restos del naufrago utensilios

de hierro áncoras gasas de motón pedreros una bala de a 18 trozos de instrumentos astronómicos un pedazo de coronamiento de popa y una campana de bronce con esta inscripción basín me hizo marca de la fundición del arsenal de brest hacia el año 1785 ya no era posible la duda estuvo dillon completando sus averiguaciones en el mismo lugar del siniestro hasta el mes de octubre abandonando después a bannicoro se dirigió a la nueva zelandia fondeó en calcuta el 7 de abril de 1828 y volvió

a francia donde fue muy simpáticamente acogido por carlos décimo pero entonces mismo dumont durbil sin haber tenido conocimiento de los trabajos de dillon había ya partido para buscar en otros lugares el teatro del naufragio por los informes de un ballenero se había sabido que entre las manos de unos salvajes de la luiciada y de la nueva caledonia se encontraban unas medallas y una cruz de san luis dumont durbil jefe del astrolavio fondeaba delante de hobart town dos

meses después que dillon se había marchado de bannicoro allí tuvo noticia de los resultados obtenidos por este y supo que un tal james hoffs segundo de la unión de calcuta después de tomar tierra en una isla situada a los 8 grados 18 minutos de latitud sur y 156 grados 30 minutos de longitud este había observado unas barras de hierro y unas telas encarnadas de que se servían los naturales de aquellos parajes dumont durbil bastante perplejo y no sabiendo si debía dar

crédito a estas relaciones publicadas en periódicos de poca confianza se decidió a seguir las huellas de dillon el 10 de febrero de 1828 el astrolavio se presentó delante de ticopia tomó por guía e intérprete a un desertor allí establecido se dirigió hacia bannicoro llegó el 12 de febrero bordeó sus arrecifes hasta el 14 y fondeo también en la encenada de banu el 23 alguno de los oficiales dieron la vuelta a la isla y trajeron algunos despojos poco importantes

los naturales adoptando un sistema de denegaciones y evasivas no querían llevarlos al lugar del siniestro este doblez hizo creer que habían maltratado a los náufragos y en efecto aparentaban temer que dumont durbil hubiese venido para vengar a la perus y a sus infortunados compañeros pero seducidos al fin por medio de regalos y comprendiendo que no se trataba de castigarlos acompañaron al segundo moncie jacquinot al teatro del naufragio allí a las tres o cuatro

brasas de agua entre los arrecifes de pacú y de banu había anclas cañones y trozos de hierro y plomo envueltos en concreciones calcarias el astrolavio mandó a este paraje su bote y su ballenera y no sin grandes fatigas consiguió la tripulación retirar un áncora de 1800 libras un cañón de a 8 de hierro fundido un galápago de plomo y dos pedreros de cobre supo también dumont durbil que la perus después de haber perdido sus dos buques en los arrecifes

de la isla había construido una embarcación más pequeña para ir a perderse por segunda vez donde no se sabe entonces el jefe del astrolavio mandó a erigir un cenotafio a la memoria del célebre navegante y de sus compañeros era una simple pirámide cuadrangular sentada sobre una base de corales y en la cual no se empleó ni hierro ni ornato alguno que pudiera tentar la codicia de los naturales quiso después dumont durbil marchar pero estando su gente atacada por las

calenturas de aquellas costas malsanas y muy enfermo también él mismo no pudo aparejar hasta el 17 de marzo entre tanto temiendo el gobierno francés que dumont durbil no estuviese al corriente de los trabajos de dilón le había enviado a bannicoro la corbeta la bayonesa mandada por lo argán de tromelin que se hallaba estacionada en la costa oeste de américa la bayonesa fondeó en bannicoro algunos meses después de la partida del astrolavio sin hallar ninguna noticia nueva

pero reconociendo que los salvajes habían respetado el mausoleo de la perus tal es en sustancia la relación que expuse al capitán nemo quien me dijo nadie sabe por consiguiente donde pereció el tercer buque construido por los náufragos en la isla de bannicoro nadie lo sabe el capitán nemo sin responderme nada me indicó que le siguiera al gran salón el nautilus se sumergió algunos metros dentro de las aguas y las ventanas se abrieron entonces advertí que entre concreciones de

corales revestidos de fungias de sifónulas de alciones de cariofilas y donde nadaban millares de peces lindísimos como girelas glifisidontes pon féridos diácopos y holocentros y hacían algunos despojos que las dragas no habían podido arrancar tales como abrasaderas de hierro áncoras cañones balas un aparejo de cabrestante un branque objetos todos procedentes de los buques naufragados y ahora entapizados de flores y mientras yo contemplaba aquellos restos

desconsoladores el capitán nemo me decía con acento grave la perus partió el 7 de diciembre de 1785 con sus buques la brújula y el astrolavio fondeó primero en botany bay visitó el archipiélago de los amigos la nueva caledonia se dirigió hacia santa cruz y arribó a namucar una de las islas del grupo hapai después sus embarcaciones llegaron a los arrecifes desconocidos de bannicoro la brújula que iba adelante tocó en la costa meridional el astrolavio vino en su auxilio y

también encalló el primero quedó destruido casi en el acto el segundo varado por sotavento resistió algunos días los naturales acogieron bastante bien a los náufragos estos se instalaron en la isla y construyeron un barco más pequeño con los despojos de los otros algunos marineros se quedaron voluntariamente en bannicoro y los demás debilitados enfermos partieron con la perus y dirigiéndose hacia las islas salomón perecieron con buque y todo sobre la costa occidental

de la principal isla del grupo entre el cabo decepción y satisfacción y como lo sabéis exclamé mirad lo que encontré en el lugar mismo del siniestro el capitán nemo me enseñó una caja de hoja de lata marcada con las armas de francia y car comida por las aguas salinas la abrió y vi un manojo de papeles amarillentos pero legibles eran las instrucciones del ministro de la marina a la perus anotadas al margen por mano de luis 16 es una muerte feliz para un marino dijo entonces

el capitán nemo tranquila es esa tumba de coral y quiera el cielo que mis compañeros y yo no conozcamos otra jamás fin del capítulo 19

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