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from 20000 Leguas de Viaje Submarino by Jules Verne — automated transcript, may contain recognition errors.

Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Berne, traducido por Vicente Guimará. Segunda parte, del Pacífico al Atlántico. Esta es una grabación de LibriVox. Todas las grabaciones de LibriVox son del dominio público. Capítulo vigésimo tercero. Conclusión. He aquí la conclusión del viaje submarino.

Lo que pasó durante aquella noche, de qué modo la barca se libró del formidable Maelstrom, cómo Ned Land, Consejo y yo salimos del remolino, no sé decirlo. Pero cuando recobré el sentido, estaba acostado en la cabaña de un pescador de las islas Lofoden. Mis dos compañeros, sanos y salvos, se hallaban cerca de mí, estrechándome las manos. Nos abrazamos con efusión.

En aquel momento no podíamos pensar en volver a Francia. Los medios de comunicación entre la Noruega septentrional y el sur son muy raros. Me veo, pues, obligado a esperar el paso del vapor que hace el servicio del Polo Norte cada dos meses. Aquí, pues, en medio de las buenas gentes que nos han recogido, reviso la relación de mis aventuras.

Es exacta. No ha quedado omitido ningún hecho, ni se ha exagerado ningún detalle. Es la narración fiel de tan inverosímil expedición en un elemento inaccesible al hombre, pero cuyas vías le dará algún día expeditas el progreso. ¿Seré creído? No lo sé. Pero en suma, poco importa. Lo que puedo afirmar ahora es el derecho que me asiste para hablar de esos mares

dentro de los cuales, en menos de diez meses, he andado veinte mil leguas. De esa vuelta al mundo submarino que me ha revelado tantas maravillas a través del Pacífico, del Océano Índico, del Mar Rojo, del Mediterráneo, del Atlántico y de los piélagos australes y boreales. ¿Pero qué ha sido del Nautilus? ¿Ha resistido a los impulsos del Maelstrom?

¿Vive aún el capitán Nemo? ¿Continúa por dentro del Océano sus espantosas represalias? ¿O se ha detenido ante aquella postrera ecatombe? ¿Traerán algún día las olas aquel manuscrito que encierra la historia de toda su vida? ¿Llegaré por último a saber cómo se llama aquel hombre el buque desaparecido? ¿Nos dirá por su nacionalidad cuál es la del capitán Nemo?

Lo espero, y espero también que su potente aparato ha vencido al Océano en su abismo más terrible y que el Nautilus ha sobrevivido donde tantos buques han perecido. Si es así, si el capitán Nemo sigue habitando ese Océano, su patria adoptiva, pueda el odio extinguirse en aquel corazón feroz. Que la contemplación de tantas maravillas apague en él el espíritu de venganza.

Que el justiciero desaparezca y el sabio continúe apaciblemente la exploración de los mares. Si su destino es extraño, también es sublime. No lo he comprendido por mí mismo. No he vivido diez meses en aquella existencia extranatural. Por eso, aquella pregunta propuesta seis mil años hace por el Eclesiastes.

¿Quién ha podido sondear las profundidades del abismo? Hay dos hombres, entre todos los hombres, que tienen el derecho ahora de contestarla. El capitán Nemo y yo. Fin del capítulo vigésimo tercero. Fin de veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne traducido por Vicente Guimera.

Grabado por Víctor Villarraza. Subtítulos realizados por la comunidad de Amara.org

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