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menu_book Chapter 32

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Sección 32 de Prosas Profanas y otros poemas de Rubén Darío. Esta grabación del LibriVox está en el dominio público. Recreaciones arqueológicas a Julio L. Jaimes 1. Friso 2. Cabio en la fresca viña de Corinto, que verde techo presta al simulacro del dios viril que artífice de Atenas en intacto pentélico labrara. Un día alegre al deslumbrar el mundo, la armonía del carro de la aurora y en tanto que arrullaban sus ternesas, dos nevadas palomas venusinas sobrerosó al purpurio impintoresco.

Como olímpica flor de gracia llena, vi el bello rostro de la rubia eunice, no más gallardas encamina al templo, canéfora gentil ni más riente. Llega la musa a quien favor prodiga, el divino esminteo, que mi amada, al tender hacia mí sus terzos brazos. Era la hora del supremo triunfo, concedido mis lágrimas y ofrendas por el poder de la celeste cipris, y era el ritmo potente de mi sangre. Verso de fuego que al propicio lúmen cantaba ardiente de la vida y el himno, cuando mi boca en los vermejos labios de mi princesa de cabellos de oro, licor bebía y que afrentara al néctar por el sendero de fragantes mirtos, que guía el blanco pórtico del templo, súbitas voces nuestras ansias turban. Lírica procesión al viento esparce, los cánticos rituales de Dionisio, el evoje de las triunfales fiestas, la algasara que enciende con su risa, la impuber tropa de saltantes niños, y el bivosón de música sonoras que anima el coro de vacantes ebrias.

En el concurso váquico el primero, regando rosas y tejiendo danzas, Garrido Infante de Eros por hermoso, Émulo y Par, re-sueño aparecía, y de él en pos de las menades ardientes, al aire el gusto en que su pompa erigen, pomas sepornias en la mano el cistro, y las curvas caderas malveladas por las flotantes diseñidas ropas. Alzaban sus cabezas que en consorcio circundaban la flor de citería, y el pampano fragante de las piñas, aún me parece que mis ojos tornan al cuadro lleno de color y fuerza, dos robustos mancevos que los cabos de cadenas metálicas empuñen, y cuyo porte y músculos de ares divinos donde son pintada fiera, que felino pezón nutrió en Ircania con gesto heroico entre la turba rígil, y otros dos en Leopaldo cuyo cuello, gracias de flora ciñen y perfuman, y cuyos ojos en las anchas cuencas de furia hinchidos sanguinosos giran. Pétalos y uvas el sendero alfumbran, y desde el campo azul do el sagitario de coruscantes flechas resplandece, las urnas de la luz la tierra vayan. Pasó el tropel en la cercana selva, Lucubre resonaba el grito de Atis, triste pavor de la inviolada ninfa, deslizaba su paso misterioso en la pasible coro de las horas,

Eko volvía la acordada queja de la flauta de pan joven gallardo, más hermoso que Adonis y Narciso, con el aire gentil de los efévus y la lira en las manos al boscaje como lleno de luz se dirigía. Amor pasó con su dorada torcha, y no lejos del nido en que las aves, las dos aves de Cyprus sus arrullos cual tiernas rimas a los aires dieran, fui más feliz que el luminoso cisne que vio del hada la inmortal blancura, y a Onisse pudo al templo de la diosa, por pura ofrenda y tórtolas amables, llevar el día en que mi regio triunfó, vio el dios viril en mármol sin selado, cabe la fresca viña de Corinto. Fin de la sección 32

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